Neolítico

Textos redactados por Antonio Palomo. Doctor en arqueología, director d’Arqueolític y profesor asociado a la UAB.

arqueolitic

Museus de Banyoles

Alimentación (agricultura, ganadería y caza)

La economía de las sociedades neolíticas se basaba esencialmente en la agricultura i la ganadería, mientras que la recolección y la caza tenían un peso menor. Las plantas cultivadas eran, por un lado, diversas variedades de cereales (trigo, pisana, espelta, centeno…) y, por otro, leguminosas (habas, guisantes y lentejas).

Los animales domésticos que tenían eran el cordero, la cabra, el buey y el cerdo, que constituían la mayor parte de la carne que se consumía en estas comunidades y de los cuales también obtenían otros productos, como leche, lana, piel, huesos, bañas y la fuerza motriz. Por otro lado, los animales cazados variaban según el contexto geográfico en el cual estuviesen emplazados los poblados. En La Draga cazaban el buey salvaje, el ciervo, el corzo, el jabalí, el zorro, el tejón, el gato salvaje y la tortuga, i varias especies de pájaros y de peces, mientras que en las Minas prehistóricas de Gavà eran característicos también los recursos provenientes del mar, como el besugo, el dentón, el pagel y la mustela, un pequeño tiburón abundante en la costa mediterránea.

Utensilios

Excavación de la Draga

Las comunidades neolíticas construían sus herramientas transformando la forma de diversas materias primas como la piedra, la madera, los huesos, las bañas y las conchas mediante el golpeo, la abrasión, el raspado…

Durante el neolítico aparece una tecnología innovadora para fabricar los utensilios que da el nombre al período (neo = nuevo, lítico = piedra, edad de la piedra blanda). Esta técnica permite, mediante la abrasión, pulimentar un fragmento de piedra muy dura para conseguir un filo muy cortante. El resultado es una herramienta en forma de hacha o de azuela, que generalmente se utiliza para trabajar la madera.

La madera está muy presente en la vida de estas comunidades, tal y como lo destacan los magníficos hallazgos realizados en La Draga, donde se han localizado utensilios hechos solo de madera (palos cavadores, recipientes) o que formaban parte de una herramienta más compleja (hoces, azuelas).

Durante todo el neolítico se corta el sílex para producir largos fragmentos que se utilizan en varios trabajos, como cortar i agujerear, y que generalmente forman parte de un utensilio hecho de diversos materiales (madera, adhesivo, cuerda).

La Draga (Banyoles)

Poblado neolítico

El poblado neolítico de La Draga se encuentra en la parte central de la orilla oriental del lago de Banyoles. Es uno de los asientos de agricultores i ganaderos más antiguos del nordeste de la península Ibérica.

La cronología del poblado, en un neolítico antiguo, facies Cardial, se ha situado en la segunda mitad del vi milenio a.C., con dataciones radiocarbónicas que abarcan el espacio entre 5400-4900 a.C.

La situación en una zona con humedad permanente, actualmente cubierta de forma parcial por las aguas del lago, ha propiciado una extraordinaria conservación de los restos orgánicos sobre materiales vegetales, desde los restos de las cabañas hasta los utensilios realizados con materiales vegetales, como arcos, hoces, mangos de azuelas, cuerdas, recipientes de madera, palos cavadores, cucharones i cestos, entre otros. Este hecho hace que La Draga sea uno de los yacimientos más importantes para estudiar el neolítico en Europa.

El poblado de La Draga tiene dos fases bien diferenciadas. La más antigua se caracteriza por grandes construcciones prácticamente todas de madera de roble, que formarían posiblemente dos filas de 8 o 10 unidades y que podrían haber acogido a unas 100 personas. Estas cabañas, de unos 50 m2, estarían construidas ligeramente alzadas sobre una plataforma para protegerse de las inundaciones del estanque. La segunda fase, más moderna, se caracteriza por el uso de bloques de travertinos para construir grandes empedrados y basamentos de construcciones que cubren el nivel de las cabañas más antiguo.

Enfermedades y medicina

Una de las pocas fuentes que tenemos para hacer interpretaciones sobre la salud de estas comunidades neolíticas es el estudio de los esqueletos que se encuentran en los entierros. A veces se conservan rastros en los huesos que han provocado enfermedades y lesiones, como por ejemplo fracturas traumáticas, artritis, artrosis, infecciones óseas…

En lo referente a las posibles prácticas medicinales, conocemos algunos ejemplos neolíticos de trepanaciones craneales, que tradicionalmente se han relacionado con posibles curas de enfermedades; en algunos casos se sabe que el individuo sobrevivió a la intervención. Las trepanaciones constituyen la prueba más antigua de cirugía que se conoce; consistían en perforar el cráneo mediante el uso de utensilios cortantes y/o la abrasión.

Por otro lado, los pueblos neolíticos conocían la amplia farmacopea que les ofrecía la naturaleza, aunque arqueológicamente a menudo es de difícil documentación. Entre algunas de las plantas utilizadas podría haber la adormidera, que ha sido documentada en Gavà en los restos dentales de un entierro, y en La Daga en forma de granas.

La importancia del fuego

El encendido de fuego es conocido en la prehistoria desde el paleolítico, hace unos 400.000 años. Consolidó la evolución humana, ya que permitió alargar las horas de luz, calentarse, cocinar y ahuyentar a los animales.

Durante el neolítico el conocimiento de la producción de fuego abarcaba todo el planeta. Se conocían varias técnicas, utilizadas por todos los integrantes del grupo, como la percusión y la fricción con madera. Es posible que la técnica más usada para hacer fuego fuese la percusión. Para ello se golpeaba con un sílex una pirita para conseguir una chispa, que, una vez caída sobre una yesca, generaba una pequeña brasa. Esta brasa era suficiente, una vez atizada soplando, para encender el fuego. De yescas había una gran variedad, pero sin duda la más conocida es la que provenía del hongo yesquero, algunas de las cuales se han encontrado en el yacimiento de La Draga.

El fuego, como en todas las sociedades tradicionales, ha sido hasta hace poco el centro de las casas, donde se cocinaba, se comía, se conversaba y, en definitiva, se desarrollaban una gran parte de las relaciones humanas.

Localización del yacimiento neolítico de La Draga

El papel de la mujer

El rol de la mujer en las comunidades neolíticas es fundamental ya que en él se fundamenta el mantenimiento de la comunidad. Esto significa que las mujeres se encargan de cuidar el grupo familiar y también participan en las tareas productivas agrícolas y ganaderas.

A partir de varios estudios conocemos que existe una diferenciación de género en las actividades que se desarrollan en una comunidad neolítica. Por ejemplo, en las pinturas rupestres levantinas la figura femenina está relacionada con actividades de recolección, agrícolas y simbólicas como la danza. Por otro lado, la figura masculina generalmente se relaciona con actividades de caza y de guerra y con el uso de armas como el arco.

También los estudios realizados a partir del análisis de los entierros nos llevan a pensar en la existencia marcada de la diferencia de género. Así se ha podido ver en entierros contemporáneos en las Minas de Gavà que los ajuares asociados con la violencia y la caza (flechas) y algunos instrumentos pulimentados están relacionados con los hombres, mientras que las mujeres están relacionadas con instrumental de molimiento de cereales.

La violencia en el neolítico

Excavación de un arco de tejo

El uso de la violencia está representado desde los inicios del neolítico. Las pinturas levantinas son una prueba clarísima de esta expresión. Son numerosas las escenas donde aparece la guerra y el conflicto entre diferentes grupos, en las que el arco tiene un papel predominante. Estas imágenes muestran grupos en lucha enfrentada e incluso en algunos casos ajusticiamientos del enemigo.

Durante el neolítico la expresión de la violencia también la vemos representada en las heridas traumáticas que encontramos en los huesos de los esqueletos y en las puntas de flecha que a veces se conservan clavadas en el tejido óseo. En toda Europa se han hallado entierros en los que los individuos habían sido asesinados con flechas o habían muerto por heridas traumáticas.

La presencia de las puntas de flecha aumenta durante el todo el neolítico a pesar de que la caza es una actividad residual, hecho que permite argumentar que se utilizaban sobre todo como armas y como símbolo de prestigio y de fuerza.

Importancia de La Draga

Excavación de La Draga

El poblado neolítico de La Draga es el único poblado lacustre que conocemos en toda la península Ibérica, i en comparación con los conocidos yacimientos lacustres alpinos, tiene 1.000 años más de antigüedad. La conservación excepcional de los restos en el medio húmedo del lago de Banyoles nos ha aportado una documentación extraordinaria que hasta el momento de su descubrimiento era inimaginable.

Creemos que durante el neolítico más del 95% de las materias utilizadas eran orgánicas (madera, cortezas, tejidos, pieles…); este hecho provoca que prácticamente en todos los yacimientos que se excavan no se hallen la mayor parte de los restos. Así pues, La Draga se convierte en fundamental para entender cómo era la forma de vida de las primeras poblaciones neolíticas de la Mediterránea occidental, ya que se conservan en muy buen estado los materiales arqueológicos orgánicos.

Por otro lado, también La Draga aporta datos de gran valor para conocer cómo fue el proceso que conllevó que las poblaciones cambiasen su forma tradicional de vida de cazadoras-recolectoras a agricultoras y ganaderas.

Los entierros

Durante el neolítico la práctica funeraria es la inhumación, es decir que se entierra el cuerpo dentro de un contenedor que puede tener diferentes morfologías. Al principio del neolítico los entierros son generalmente individuales y los muertos se depositan en el fondo de una fosa acompañados por algunos elementos de ajuar: cerámica, utensilios de piedra, adornos.

Posteriormente aparecerán las tumbas más sofisticadas excavadas en el suelo con ricos ajuares y también dólmenes, que son construcciones realizadas con grandes losas y cubiertas por un túmulo de tierra y piedra. Los ajuares de los entierros a menudo están hechos con materiales procedentes de lugares alejados, hecho que pone de manifiesto la existencia de redes de intercambio muy activas que superan el marco estrictamente regional, como la obsidiana proveniente de Cerdeña y el sílex de la Provenza francesa.

Los dólmenes, en un primer momento, son de pequeño tamaño, y posteriormente se convierten en verdaderos panteones utilizados como lugares de entierro colectivo con un acceso móvil. También se utilizan otros lugares para enterrar, como las cuevas, en las que a veces se construyen accesos y cerramientos con piedra, que posibilitan acceder a ellas cada vez que es necesario realizar una inhumación en la cámara funeraria.